Los ángeles, esas criaturas puramente espirituales que según la tradición judeocristiana cumplen la función de anunciar mensajes de Dios a los hombres, fueron objeto de numerosas especulaciones por parte de los filósofos y teólogos medievales. No sólo intentaron demostrar racionalmente su existencia, sino que discutieron infatigablemente sobre si eran totalmente inmateriales o no; si disponían de potencia y acto o si eran puro acto como Dios, etc. Tampoco faltaron las clasificaciones, como la del Pseudo-Dionisio, quien aventuró tres jerarquías, cada una de ellas compuesta de tres clases distintas.

Los debates sobre la naturaleza de los ángeles fueron antológicos. Si famosa fue la polémica sostenida en torno al sexo de los ángeles (asunto sobre el que todavía se discutía en la Constantinopla de 1,453 y que daría origen a la expresión "discusiones bizantinas", porque mientras los teólogos allí reunidos polemizaban sobre el sexo angélico, el ejército turco se disponía a tomar la ciudad), no menos gloriosa resultó la que versaba sobre el número de ángeles que caben en la cabeza de un alfiler."

(Pedro González Calero, Filosofía para bufones)

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